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La Secretaría de la Mujer de la Federación Nacional de Trabajadores Camioneros, junto a la Comisión Directiva de Camioneros Chubut, acompañaron en una jornada laboral a la única transportista de carga pesada de Latinoamérica. 

– Yo laburaba en la municipalidad, escuché que había una empresa nueva que se llamaba Ale, que estaba transportando molinos, me postulé y me llamaron. Arranqué con carretones y después seguí con extensibles que es lo que llevo ahora con las palas, ando a veces también con el modular. Nuestro día es así: si hay transporte vamos al taller, desayunamos, se hace una reunión donde dividimos tareas, y de ahí venimos al puerto, donde nos preparamos para salir al control de Vialidad Nacional, y ahí salimos con ellos.

Quien habla es Anahí Bustos, la primera chofer de carga pesada del mundo en la empresa Ale Heavy Lift. Y en toda Latinoamérica, la única que lleva adelante este trabajo.

– Ahora no ato cadenas porque estoy embarazada, pero suelo hacerlo, ayudo a mis compañeros a acomodar todo. Trabajamos en equipo continuamente, tengo mi operador en todos lados, yo sola no me puedo mover. Por camión vamos dos o tres, operador, ayudante y el chofer. La relación con mis compañeros es la mejor, a ellos les avisaron que iba a entrar una mujer y siempre la mejor predisposición, la verdad son otra familia, es muy bueno el ambiente, me tratan como a cualquiera.

Indagando un poco más, este cronista descubre que varios trabajadores que ofrecieron sus conocimientos para ayudarla, terminaron aprendiendo de ella, pues hace la tarea en varias maniobras menos que la mayoría de sus compañeros. Aunque se declara abiertamente “porfiada” y defensora de sus métodos, de otros sigue aprendiendo, no pierde la humildad.

La iniciativa de resaltar el caso de Anahí surge de la Secretaría de la Mujer de la Federación Nacional de Trabajadores Camioneros. La misión: acompañarla durante su jornada laboral, mientras trasporta a lo largo de casi 60 kilómetros en las afueras de Puerto Madryn, aspas de 72 metros de molinos de energía eólica, en su camión Stralis 480. Mientras dos enormes grúas depositan el aspa en el módulo extensible de forma coordinada, seguimos con los testimonios.

– Es realmente un orgullo para el género – dice Karina Moyano, compañera de la Secretaria de la Mujer – Porque venimos trabajando muchos temas de la mujer, y poder estar compartiendo con Anahí este trabajo es un ejemplo para muchas mujeres, y demostrar que se puede. Este tratamiento igualitario no sucede en todos los lugares, pero se está viendo y comienza a aceptar, las empresas comienzan a naturalizar la igualdad de condiciones.

– Esto es una muestra del lugar que se le da a la mujer en muchos puestos y empresas de nuestro sindicato – resalta Nazarena Borau, de la Secretaría de la Mujer de Chubut – Esto gracias a los compañeros que siempre nos incluyen a la par.

– Es muy importante el apoyo que tenemos, y fue gracias a Hugo – dice la compañera Mabel Herrera, de la Secretaría de Igualdad de Género en Buenos Aires – Yo vengo del barrido que es una tarea de hombres, pero siempre tuvimos igualdad.

– Es un tremendo orgullo que esto se de en la provincia de Chubut – dice Jorge Taboada, secretario general de Camioneros Chubut y diputado nacional – Es la muestra cabal de la integración que tiene la mujer en el mundo del transporte, es decir de Camioneros. Pero esto se da por medio de una decisión política de nuestro conductor, de hace casi 15 años, de incorporar en todas las actividades a la mujer. Hugo Moyano tomó esta resolución, porque éramos una organización sindical netamente de hombres. Esto es una participación efectiva, suele haber muchas mentiras en esto. Del mismo modo que con Anahí, fuimos hace pocos días a Cerro Dragón, donde hay mujeres prestando servicios en los yacimientos pero en la boca del pozo, esto también es inédito, son mujeres camioneras que trabajan junto a los equipos perforadores. Lo de Anahí, que sea la primera mujer que presta estos servicios en Latinoamérica, a mí no me sorprende, ella desde los 11 años maneja camiones, el padre es camionero, el esposo es camionero, la madre, el abuelo. Es una cuestión de capacidad, no se da a través de una ley, se capacitan, y son compañeras que vienen con el camión en el corazón. Para nosotros esto es normal, pero hay que resaltarlo porque no se da en todos los gremios.

Son las 10 de la mañana, la carga ya está lista, las nubes alfombran el cielo del puerto, se activa la paciencia y la seguridad, para transformar la carga en responsabilidad. En pocas maniobras, Anahí y su operador (que controla con control remoto las ruedas de la parte de atrás del extensible) sacan el aspa del playón del puerto y se adentran en la ruta, transportan un enorme colmillo blanco, a unos prudentes 40 km/hora, hasta cerca de la zona de Bajo Simpson, donde se emplazará un nuevo molino eólico, esta vez para transformar otra cosa: el viento de la Patagonia en energía.

Viviana Tolosa y Natalia Carrizo, también compañeras de la Secretaría de la Mujer y la Federación, acompañaron a Anahí en la cabina del potente camión Stralis a lo largo de los 60km de recorrido.

– Es un gusto haberla conocido a Anahí, la había visto sólo en videos – dice Viviana, que también maneja camiones y transporta autos – La acompañamos en su base y durante su viaje, me quedé sorprendida de la cantidad de metros y el peso que transporta, es un orgullo haberla conocido.

– Soy un poco necia – comenta Anahí – si veo que se puede lo hago, si sale es porque está bien, si sale mal ahí vemos de hacerlo de otra manera.

– La verdad que fue una experiencia única – comenta Natalia – Nos llena de orgullo, especialmente para las compañeras de la Secretaría de la Mujer, poder acompañarla y poder mostrar esto a todo el país, una experiencia que no se olvida y además se aprende. Es destacable el compañerismo que existe en la empresa, es muy importante el trabajo en equipo.

La actividad finaliza con un desayuno, con gente de la empresa Ale, los camioneros y camioneras de la Comisión Directiva de Camioneros Chubut y las compañeras de la Secretaría de la Mujer; y Anahí, que se toma un café, como en cualquier otro día de laburo.

La gran conclusión de la jornada es que todo se puede transformar: una carga (un aspa de 72 metros) en una responsabilidad, el viento patagónico se puede volver energía eléctrica; y la histórica desigualdad de género que recorre el mundo del trabajo, con tiempo y decisión política, se puede convertir en igualdad de oportunidades para hombres y mujeres.

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